jueves 24 de mayo de 2012
 
 
 
 
 
 
12 | 02 | 2010

Centros tecnológicos españoles se unen para fabricar un envase inteligente

Utiliza productos naturales que colaboran en la extensión de la visa de los productos.

 

Siete centros tecnológicos de España se aliaron para fabricar envases inteligentes capaces de interactuar con el alimento añadiéndole componentes naturales que prolongarán su vida útil, sin restarle por ello ninguna de sus propiedades.

Representantes del grupo presentaron hoy en Molina de Segura, donde se encuentra la sede del Centro Tecnológico Nacional de la Conserva (CTC), un avance de este proyecto consistente en recipientes y plásticos inteligentes que interactúan con el alimento aportándole compuestos naturales para prolongar su conservación, y que han sido extraídos de subproductos como la piel del tomate, que contiene "licopeno", un pigmento vegetal de acción antioxidante.

Este "licopeno" incorporado a los envases extendería hasta el doble la vida de los alimentos. El centro extremeño ha escogido para la experimentación productos cárnicos frescos y jamón ibérico curado, mientras que en el caso de la Asociación Nacional de Fabricantes de Conservas de Pescados (ANFACO), ubicada en Galicia, se ha escogido el pescado, y en el Centro Tecnológico LEIA (Vitoria) el queso.

El Instituto Tecnológico del Embalaje, Transporte y Logística, de Godella (Valencia) y el instituto tecnológico del plástico AIMPLAS, con sede también en Valencia, son los que desarrollan el envase, y como indica una investigadora de este último, Rosa González, incorporan aditivos con efectos sobre un amplio rango de alimentos, no sólo para alargar su vida útil, sino para migrar al alimento un efecto deseado.

El representante del Centro Tecnológico Nacional de la Conserva José Antonio Gavaldón advirtió que cada vez es mayor la conciencia social hacia lo saludable, y que "existe una vorágine del consumidor por utilizar conservantes naturales", de ahí que los científicos hayan trabajado en ese campo, y en este caso hayan descubierto que en los subproductos de ciertas industrias hay compuestos muy aprovechables.

Entre estos subproductos con compuestos revalorizables se encuentran los polifenoles de las industrias vitivinícolas y aceiteras, o los efectos antimicrobianos de ajo, cebolla y extractos de especies como clavo, romero y tomillo.

Una novedad que se deriva de este proyecto en el también colabora el Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria (CNTA) de San Adrián (Navarra), es que aportará todo lo necesario para la conservación del alimento, incluso una vez abierto el envase, revolucionando de esta forma los habituales procesos empleados.

Fuente: Adn.es

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