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| 02. 03 | Desarrollos | |||||
Tendencias a seguir para la industria |
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El consumidor consciente del cuidado del ambiente opta por los productos ecológicos. Y lo hace especialmente en el envase. Es de sobra conocido que todos los plásticos utilizados hoy se basan en una materia prima que tarde o temprano se agotará: el petróleo. Por esta razón, también la industria E+E apuesta cada vez más por los materiales renovables. Cabe destacar en primer lugar al poliácido láctico (PLA), cuyas propiedades son muy similares a las del PET, el año pasado este último material tuvo una producción mundial aproximada de 350 mil millones de envases, por lo que el PLA goza de un enorme potencial de crecimiento. Cabe aclarar que muchos bioplásticos se consideran compostables. Pero esto no es del todo verdad. La mayoría de ellos se descomponen muy lentamente o es necesario calentarlos para que lo hagan, lo que provoca un efecto negativo en el balance ecológico. Además, el material es demasiado valioso para utilizarlo una sola vez. Así pues, el reciclaje será la próxima gran tarea en este campo. Asimismo, junto a los envases de plástico, otro gran mercado lo forma el material de embalaje. También aquí hay interesantes desarrollos. En un proyecto de investigación comunitario están desarrollándose nuevos papeles flexibles de estructura multicapa realizados exclusivamente con materias primas renovables. El Instituto Fraunhofer IVV de Freising aporta métodos específicos para mejorar la barrera al vapor de agua y al oxígeno del papel previamente recubierto. Además se están desarrollando recubrimientos antimicrobianos. En uno de estos materiales se procesa proteína del suero con excelentes propiedades de barrera al oxígeno y a la humedad. Además se aprovechan los ingredientes antimicrobianos que contiene el suero para prolongar la caducidad de los alimentos. En la película de ciencia ficción “Minority Report”, Steven Spielberg muestra envases de cereales en los que pueden verse dibujos animados. Aunque todavía sea una utopía futurista, puesto que la película tiene lugar en el año 2054, las posibilidades técnicas ya existen. El camino hacia esta electrónica es tecnológicamente viable, se imprimirá con tinta inteligente. Las vías y los componentes son de polímeros orgánicos disueltos en una fase líquida y, por lo tanto, procesables en una especie de impresora de chorro de tinta. Estas etiquetas RFID impresas cumplirán diferentes tareas como la supervisión constante de la temperatura, el almacenamiento y la transmisión de los datos. Ante las puertas de la fabricación industrial masiva no sólo se encuentran las memorias pasivas de datos, sino también circuitos electrónicos activos realizados con impresoras de chorro de tinta con transistores, resistencias, diodos luminosos y condensadores. Incluso se ha previsto el abastecimiento de energía a base de baterías o células solares impresas. Esta es la clave de imágenes animadas de publicidad o jingles. Dentro de unas décadas se habrán agotado las reservas mundiales energéticas de petróleo, gas natural y uranio. Sólo parece que habrá carbón todavía durante siglos. Por esta razón, los fabricantes de bebidas y alimentos tendrán que estudiar también fuentes energéticas alternativas para sus productos que requieren gran cantidad de energía. El sol desempeñará un papel clave en el mix energético del futuro. Los colectores planos usualmente utilizados en la construcción de casas suministran 200 kWh/m2a y una temperatura máxima de agua caliente próxima a los 70 °C. Esta agua caliente de proceso se almacena en un depósito aislado y es utilizada por los diferentes "consumidores". Alrededor del 50% de la energía térmica total anual, incluso en una fábrica de cerveza en la que hay que hervir mucho, puede abastecerse con el sol. Todo depende de los colores Si la etiqueta y el envase no convencen en un abrir y cerrar de ojos, el producto se queda en el estante de la tienda. El consumidor suele invertir una media de dos segundos en decidir si compra algo o no lo hace. El arte consiste en transmitir rápidamente la información. Y no sólo se realiza a través de la palabra impresa, sino también por una vía sutil basada en los sentimientos: los colores. Los tonos verdes y azules son apropiados, por ejemplo, para transmitir seriedad y seguridad, en combinación con el gris o el negro. Gran atención captan, por otro lado, los tonos fuertes rojos y amarillos. El blanco es sinónimo de frescor, además, la etiqueta y el envase parecen más grandes y voluminosos. Así pues, es importante que el color y el mensaje sean compatibles con el receptor, con la marca y su fabricante. De lo contrario, el producto sería inverosímil para el observador, lo que despierta desconfianza. Y un producto así se queda seguro en el estante. Por este motivo, todos los involucrados en los procesos creativos deberían recordar las dos reglas de oro del diseño de un envase antes de poner manos a la obra: menos es más y mucho suele ser de muy poca ayuda. |
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