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15. 07 | España: Tendencias y estilos de vida

Envases futuristas

La mayoría de los envases que manejamos cotidianamente son de una gran complejidad técnica.

Lo que parecía “ciencia-ficción” es una realidad: Los envases pueden ser comestibles, horneables, ecológicos, inteligentes, activos... Algunos de los últimos desarrollos en packaging desarrollados en los laboratorios están a punto de entrar en nuestros hogares. / Laura Hurtado (*)

Aunque no somos conscientes, hace tiempo que manejamos envases y tecnologías de envasado altamente sofisticados, resultado de muchos esfuerzos y años de investigación. Los metemos continuamente en el carrito de la compra y los tenemos en nuestras despensas y neveras. Son los paquetes de café molido, las bolsas de ensaladas preparadas, las bandejas de carne o las bolsitas de arroz de cocción rápida (boil in bags).
Pero ¿dónde está la sofisticación? ¿Por qué decimos que son envases del futuro? Basta con ser un poco observadores. Por ejemplo, ¿alguna vez nos hemos parado a pensar porqué las patatas chips aguantan crujientes hasta que las sacamos de la bolsa? ¿No es cierto que al poco tiempo se vuelven blandas? O pongamos otro caso. ¿Cómo es posible que la carne aguante tanto tiempo de color rojo y en cuánto rompemos el film transparente que las cubre se torna grisácea? O, ¿Por qué la bandeja de lasaña preparada que ponemos en el microondas no se deshace como ocurre con otros plásticos? Todo ello ha sido gracias a las innovaciones que se han hecho en el mundo del packaging, una revolución silenciosa pero no por ello menos interesante. Aquí se trata el tema de los envases “futuristas” que ya tenemos en casa o que pronto aparecerán en el mercado.

Productos frescos y al minuto

La mayoría de los nuevos inventos en envases tienen por objetivo incrementar la fecha de caducidad de los productos sin alterar su calidad, especialmente de los alimentos frescos, tales como carnes, frutas y hortalizas, poco o nada elaboradas. “Día a día crece la preferencia de los consumidores por disponer alimentos frescos de calidad o, cuanto menos, con el menor tratamiento posible, sin aditivos ni conservantes”, asegura Ramón Catalá, profesor de investigación del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA, España) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), convencido de que esa es la causa fundamental que ha impulsado “el desarrollo de tecnologías que permitan alargar su vida útil por un periodo razonable”.
La falta de tiempo de hoy en día también ha provocado la demanda creciente de pasta fresca, embutido cortado en lonchas o de los llamados “alimentos de cuarta gama”, verduras o frutas lavadas y envasadas, listas para cocinar o consumir directamente como esas ensaladas a las que sólo les falta el aliño para servirlas a la mesa. Con diez años de retraso respecto a Gran Bretaña, Alemania o Francia, estos “alimentos de cuarta gama” se dejaron ver por primera vez en los supermercados españoles a partir de 1989. Marginales durante un tiempo, se estima que ya entran en la cesta de la compra de un 5% de las familias españolas.

El MAP se impone

Todos estos alimentos frescos o poco procesados están envasados en lo que se conoce como “atmósfera modificada” (más comúnmente MAP). Esta técnica consiste en modificar la composición del aire que hay dentro del envase para que el producto se conserve más tiempo. Normalmente se saca oxígeno y se añade dióxido de carbono, cuyas propiedades antifúngicas y antibacterianas retardan el proceso de degradación natural de los alimentos. “En algunos productos se consigue duplicar o incluso triplicar su vida útil”, señala Ramón Catalá del IATA. No tiene nada que ver con el envasado al vacío que simplemente reduce la presión del aire, sin alterarla.
Mayoritariamente, los productos comercializados con esta tecnología no llevan ninguna indicación al respecto o bien indican "envasado en atmósfera protectora". “Parece que todavía el consumidor no conoce o no acepta bien el término de atmósfera modificada por lo que se impone el de atmósfera protectora, mucho menos real, pero posiblemente menos comprometido”, explica.
Esta técnica no encontró un desarrollo significativo hasta los años 70, inicialmente en Gran Bretaña y Alemania. En España no se introduce hasta mediados de los 80. Aunque sea poco visible, actualmente el MAP se aplica a todo tipo de alimentos (carne, pastas, bollería, hortalizas) y se estima que, en una década, más del 50% de los alimentos se envasarán por este sistema.

El boom de los platos preparados

Como respuesta al ritmo acelerado de la vida moderna, aumenta también la demanda de platos preparados o precocinados ready-to-use, un mercado que no ha parado de crecer desde principios de los 90, cuando aparecieron en nuestro país. Aunque lo hace tímidamente (un 7% anual desde el 2002). “En España no hay cultura de plato preparado. Todavía cocinamos y valoramos lo natural. Además, estos productos nos parecen caros”, remarca Catalá del IATA.
Sea como sea, la introducción de la mujer en el mundo laboral, que era la que  tradicionalmente se encargaba de hacer la comida, ha sido determinante. Ahora, las parejas (ya no digamos las personas que viven solas cuyo número también crece) no tienen tiempo (ni ganas) de ir a comprar, cocinar y todavía menos de lavar platos.
Según Manel Bertomeu, vicepresidente de Innopack Fundació Privada, “el crecimiento de este mercado ha supuesto una gran revolución en el mundo del envase y el embalaje porque se han tenido que desarrollar materiales que conserven las cualidades de estos preparados, que resistan al calor del microondas, que no interactúen con los alimentos que contienen o que sean fáciles de abrir y de transportar”.
Al principio, la comida preparada sólo se encontraba envasada en latas. Véanse los cocidos y las fabadas. Luego salieron las bolsas esterilizables que conservan mejor las cualidades nutritivas del alimento pero lo hacen durante menos tiempo (1-2 años frente a los 2-5 de la lata) y, al tener aluminio, no son horneables. Salieron hace unos 15 años pero sin éxito debido básicamente a su precio. La última novedad son las bandejas que sí pueden introducirse en el microondas, al estar hechas de materiales plásticos resistentes al calor como el polietilen-tereftalato de etileno cristalizado (PTEC) o el polipropileno (PP). El plato se cocina en el microondas dentro del propio envase. ¡Ya podemos comer sin tocar la cocina!
 
Envases activos e inteligentes, lo más reciente

Pero lo más revolucionario todavía no ha llegado a los supermercados españoles, aunque ya hace tiempo que se gesta en los laboratorios científicos. Se trata de los envases activos y los envases inteligentes. Los primeros, tal como su nombre indica, pasan de ser un mero contenedor a desempeñar un papel activo en el mantenimiento o incluso mejora de la calidad del alimento envasado. ¿Cómo? En realidad es bien sencillo: el envase emana sustancias que pueden, por ejemplo, eliminar la flora bacteriana o añadir aromas. Uno de los proyectos más innovadores es el desarrollado por el IATA de Valencia que ha logrado un envase para fresas silvestres que, mediante una bolsa adherida a la tapa, emana un compuesto antifúngico con el que se consigue conservar esta fruta en perfecto estado durante siete días, dos más de los que se consigue en la actualidad.  
Los envases inteligentes, por su parte, aportan información extra al consumidor mediante sensores, “tintas mágicas” u otros dispositivos que nos avisan, por ejemplo cambiando de color, cuando se haya roto la cadena de frío o el producto esté caducado. Las “etiquetas inteligentes” o “etiquetas de identificación por radiofrecuencia” (RFID tags), que a la larga sustituirán al código de barras, nos permitirán en un plazo de unos diez años saber el origen de los alimentos y de todos sus ingredientes sin necesidad de contacto directo, mediante lectores incorporados al móvil, el ordenador o la nevera. El hecho de poder leer estos chips desde cualquier punto del planeta también amplía la posibilidad de seguir el recorrido de los productos a lo largo de la cadena de suministro, permitiendo una retirada rápida y eficaz de cualquier partida que esté contaminada.

Ventajas e inconvenientes

La mayoría de estas innovaciones se pueden traducir en enormes beneficios económicos. Los envases activos, por ejemplo, permiten a los fabricantes alargar al máximo la temporada de consumo de sus productos y, al mismo tiempo, ampliar el radio de distribución con la lógica de que si dura más, más lejos se puede llegar.
Sin embargo, tal como alerta el investigador Ramón Catalá, “estas tecnologías están reservadas a productos con cierto valor añadido puesto que encarecen mucho el producto. El envase activo se puede utilizar con la fresa silvestre pero todavía falta mucho para que se emplee con tomates”.
Por otro lado, algunas de estas “novedades” despiertan recelo entre los consumidores que temen cualquier interacción entre envase y producto. Aunque hace tiempo que se utilizan en países como Japón o Australia, la Unión Europea no aprobó un Reglamento comunitario que permitiera la producción y comercialización de dichos envases hasta finales del 2004. (Ver Reglamento (CE) número 1935/2004) Hasta entonces la innovación tecnológica en envases alimentarios no tuvo su referencia legal en nuestro país.
“La legislación europea es muy cuidadosa con los productos que entran en contacto con los alimentos”, asegura Català. “Y me parece bien, aunque, en general, los sistemas diseñados han sido objeto de intensa investigación antes de su comercialización. Los fabricantes son conscientes del riesgo que puede significar la utilización de sustancias problemáticas”. “De cualquier forma, sería deseable dar una mayor información a los consumidores sobre el significado y las características de estos envases”, concluye.

Ecopackaging

La sostenibilidad es otro de los ámbitos en el que los fabricantes de packaging están realizando un esfuerzo considerable. La mayoría de la gente piensa que para que un envase sea ecológico basta con que sea  reciclable. Pero el ecopackaging es mucho más que eso. Consiste en diseñar envases que tengan un reducido impacto medioambiental durante su fabricación, su transporte, su uso y su posterior destrucción. Es decir, a lo largo de toda su vida útil. “No se trata de resolver un problema cuando ya está creado sino de prevenirlo”, resume Joan Rieradevall, investigador principal del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA) de la Universidad Autónoma de Barcelona.
La Directiva europea de envases y residuos de envases aprobada en febrero del 2004 obliga a todos los fabricantes a pagar una tasa, llamada “ecoembes”, que se rige por criterios medioambientales y que se destina al reciclaje de envases. Cuánto más peso y volumen ocupe el envase, más se paga. Ídem cuánto más difícil sea reciclar el material con el que está hecho. Ante esta legislación, son muchas las empresas que se han puesto las pilas para conseguir que sus envases sean más “ecológicos”. Sin duda, también ha influido la presión de las organizaciones ecologistas y la creciente sensibilidad de los consumidores hacia los temas medioambientales.

Un proceso lento

Existen 4 vías para conseguir que los envases tengan un reducido impacto:
• Reduciendo el peso y el volumen. (Ej. Los sobres cilíndricos de azúcar utilizan un 40% menos de papel que los rectangulares. Además, caben 1.600 en una caja donde sólo caben 1.000 de los otros. Se pueden hacer menos viajes y se emplea menos gasolina)
• Utilizando materiales reciclados. 
• Dándole varios usos (Ej. Algunos potes de vidrio o cajas metálicas se reutilizan)
• Garantizando que sea fácil de reciclar.
El ecopackaging es algo muy nuevo en nuestro país y, de hecho, en casi toda Europa. “El gran cambio se dará cuando las empresas descubran que ecodiseño es sinónimo de ecoeficiencia, es decir, que fabricar envases ecológicos les sale más barato”, insiste Joan Rieradevall del ICTA. Él mismo, junto con especialistas de varias empresas y universidades catalanas, ha llevado a cabo una “prueba piloto” que consiste en rediseñar seis envases con criterios ecológicos, financiado por el CEMA, Departamento de Medio Ambiente y Vivienda de la Generalitat de Catalunya. El resultado obtenido significaba un ahorro económico de entre un 10 y un 45%.
 
En el horizonte

De cara a un futuro más lejano sólo queda hablar de los recubrimientos comestibles, uno de los avances que tiene más perspectivas. Se trata de finas películas que protegerán los alimentos y que se podrán ingerir al mismo tiempo. Innovación que podría abrir el horizonte a la eliminación progresiva de los envases y de su impacto medioambiental a pesar de que, de cualquier modo, un producto tratado con una película comestible requerirá siempre un embalaje adicional que lo proteja de posibles contaminaciones durante su comercialización.

El largo camino del laboratorio al súper

El desarrollo de un nuevo material o tecnología de envasado es muy complejo y puede tardar años en salir al mercado. “Primero hay que estudiar sus características, ver que se ajuste a la legislación, comprobar las interacciones que tiene con el alimento, estudiar el coste de fabricación, desarrollarlo técnicamente y finalmente realizar el test de mercado, o sea, constatar la aceptación del consumidor”, enumera Ramón Catalá profesor de investigación del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Uno de los grandes avances en la elaboración de envases ha sido el recipiente multicapa (formado por varios compuestos), de los que el más conocido es el Tetra Brik, inventado por el sueco Ruben Rausing en 1951.
En los años 20, mientras estudiaba en EE.UU., Rausing se dio cuenta de que el modelo de supermercado norteamericano pronto llegaría a Europa y que había que resolver el elevado precio de los envases de vidrio y metal así como los problemas de transporte. De esta forma empezó a pensar en la creación de un nuevo producto ligero, económico y no retornable, cuya producción fuera fácil de automatizar. En 1943, inició el desarrollo de un envase para leche. Su idea era muy simple: primero utilizar papel como material base y plastificarlo para hacerlo impermeable y termosoldable. Luego, con una sola máquina, formatearlo, llenarlo de líquido y soldarlo. Así creó no sólo un nuevo envase sino un proceso completo de producción: conocido actualmente como el form, fill and seal. En una fase de desarrollo posterior, en 1961, se añadiría una fina capa de aluminio para garantizar una duración prolongada para la conservación y el frescor de los productos.
El Tetra Brik, fabricado por Tetra Pak, es el nombre más extendido de este nuevo envase. Sin embargo, hay 3 empresas más que compiten en el mercado del envase compuesto llamado “brik”: PKL, con su envase Combibloc; Elopak, con el Pure Pak; e International Paper.

Glosario básico (Recuadro al margen)

*Atmósfera modificada (map): Técnica de envasado que permite alargar la vida útil de alimentos frescos o elaborados, sin aditivos ni conservantes y sin prácticamente tratamiento, mediante la regulación de la atmósfera de envasado y la refrigeración, manteniendo las características de calidad y salubridad del alimento durante el tiempo necesario para su comercialización y consumo.
*Envase horneable: Aquel que se puede cocinar junto con el alimento, soportando altas temperaturas sin alterarlo.
*Envase activo: aquel que desempeña un papel activo en el mantenimiento o incluso mejora de la calidad del alimento envasado.
*Envase inteligente: aquel que proporciona una información extra al consumidor sobre la calidad del alimento envasado.
*Envase ecológico: aquel que está concebido desde el principio siguiendo criterios medioambientales (reducción de peso y volumen, uso de materiales reciclables, reutilizable y reciclable).
*Recubrimientos comestibles.  Biopolímeros: películas que protegen los alimentos y se pueden consumir al mismo tiempo.

(*) Colaboradora de Hispack (España).

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